miércoles, 6 de octubre de 2010

Acuarela

8:30 de la mañana

- Buenos días, ya llegado un paquete para usted.
- ¿Para mi?
- Si, firme aquí por favor.
- ¿De quien?
- Pues, vamos a ver, veamos - tras unos segundos -,lo siento ha tenido que haber algun problema de impresión pues no viene el remitente.
- Curioso. Venga le firmo y asunto concluido.
- Gracias señor, que tenga un buen día.
- Igualmente.
El paquete fue dandole vueltas para ver el contenido y tras unos segundos lo dejo sobre la mesa de la cocina. Momentos despues la pequeña asomaba por la puerta con su pijama azul y dibujado sobre este jirafitas montadas en nubes blancas.
- Bueno días. Lávate la cara y ponte la ropa que te he puesto encima de la mesita. Te preparo el desayuno y nos vamos volando al colegio.
- Si!
- ¿De qué te preparo el bocadillo hoy?
- De manteca y un batido de chocolate.
- Que fuerte te vas a poner. Así no habrá ningún mostruo que te asuste.
La pequeña se giró y con paso ligero llegó a su cuarto.
La cafetera comenzó a silvar, y un agradable aroma a café inundó toda la estancia. Ya habia amanecido y los gorriones piaban por el desayuno que sus padres taerían un poquito más tarde. Se sirvió una taza de café y luego un poquito de leche, a continuacion tomó un sobre de azucar y lo mezclo con el cafe. Cerrando los ojos intentó sentir con sus papilas el agradable sabor de la mañana, tras unos segundos en extasis, exclamó:
- Um, que bueno esta -.
La pequeña entró y tomó asiento. Su padre lo tomó junto a el. La mesa ya estaba preparada para el desayuno.
- ¿Que tienes que hacer hoy en el colegio?
- Hoy nos toca leer.
- Qué bien, y que clase de lectura.
- Cuentos.
- Vaya, cuentos.
- Y esos cuentos, ¿os lo ha traido la profesora?.
- Si, ha traido muchos cuentos para leer. Y nos va a dar uno a cada uno.
Mientras el pequeño narraba sus aventuras, el padre observaba, taza en mano, la forma de gesticular, su forma de mirar, su palabras, guardaba cada momento que estaba con su hijo como si fuera el último. Tras aquella explicación, su padre sonrió. Volvió a tragar otro sorbo de café.
- De que te gustan a ti los cuentos.
Esta miro al cielo pensando su tema favorito.
- De monstruos y de marcianos. ¿ Y a ti, papa?
La pregunta le cogió por sorpresa, luego frunció el ceño y cerrando un ojo le dijo:
- Me gustan los cuentos que hablan de hadas y de magia.
- Cuentame uno -. Pidió con el bocadillo a terminar.
- Cuando vengas del colegio, tu me contaras uno a mi y yo otro a ti, y veremos cual es el cuento mas divertido de los dos. Que te parece ?
- Si, pero si mi cuento es de monstruos no te vayas a asustar -. La niña alzó los brazos a la altura de la cabeza e hizo una mueca imitando al monstruo que en su imaginación se dibujaba.
- No, no me asustare. Pero que no sea de mucho miedo que no quiero tener pesadillas.
- Tonto, si los monstruos no existen. Papa, estás tonto.
El padre sonrió.
Tras esto la cria tomó el ultimo sorbo de batido y con las mismas el padre le limpió la comisura de lo labios, este bajó de la silla y fue corriendo a por la maleta, mientras el padre recogió la mesa y limpio los platos. Un trapo pasó por encima de la mesa y con el limpiador la dejó lista para el almuerzo. Colocó de nuevo el paquete que habian traido minutos antes sobre la mesa, tomo la caja, la agitó un poco y con gesto de incertidumbre lo volvió a colocar sobre la mesa. Segundos despues su hijo pasó disparado hacia la puerta.
- Vamonos, papa.

14:58 de la tarde

Pudo encontrar aparcamiento cerca de casa, la sirena del colegio sonó con fuerza momento en el cual abria la puerta del coche y con un sonoro "pit" quedaba cerrada. Los gritos de alegría de los niños saliendo del colegio siempre le agradaba, había tanta vida en esos niños que muchas veces recordaba cuando pequeño y con una ligera sonrisa dibujada en su rostro olvidaba los momentos tristes que la madurez te concedía de forma gratuita. Se ajustó la camisa al cinturón y con paso ligero llegó a las puertas del colegio allí aguardó a que su hijo asomara por la puerta interior, por donde salían todos. Sin dejar un momento de mirar hacia la puerta alguien desde atras le saludó.
- Buenas tardes
- Hola Meli.
- Cómo estas? y tu hija ¿está mejor del resfriado ?
El, con la vista alfrente sonrió.
- Si gracias, lleva varios días sin asomo de resfriado.
- Tienes una pequeña muy fuerte.
- Me conformo con que siga sana. Además siempre que se pone enferma y está varios días en cama, luego crece un poquito.
Aquel hombre sonrió significando que su hija estaba saliendo, este levantó el brazo nada mas ver a su padre y agitó un cuaderno que llevaba en la mano con mucha fuerza, el padre le invitó a que saliera desmostrando así sus ganas de ver aquel cuaderno que el pequeño con tanta ilusión le mostró. La mujer no dejó de observar a su vecino ni un solo segundo. Durante un instante él le fue a comentar algo cuando quedó prendada su mirada sobre la de ella, esta, una vez descubierta evadió su mirada haciendo un ademán con la cabeza buscando a su hijo.
- Meli.
Ella le miró algo ruborizada.
- ¿Si?
Una sonrisa contestó a su pregunta, poco más tarde la pequeña rompió el momento.
- Papa, papa, mira. Me han dado un cuento para que me lo leas y mañana tengo que hacer unos dibujos.
- Qué bien. Después de comer los haremos con los cuentos que nos inventemos.
El pequeño afirmaba mientras abria el cuento y ojeaba sus páguinas.
- Hasta luego Meli.
Ella se hizo la sorprendida y con un ademán lo despidió.
Una ligera brisa renovó todo el aire de la ciudad, se estaba lenvantando viento y una nubes procedente del oeste comenzaban a aparecer tras las grandes montañas de la ciudad, las pocas nubes que navengaban por el cielo eran blancas, muy blancas pero las sombras que proyectaba a tierra eran lo suficientemente grandes como para cubrir todo el colegio. El padre tomó la maleta de la pequeña y agarró su mano, pasaron junto al bar de aquel hombre gordito que desde unas de las ventanas saludó al pequeño.
- Buenas tardes, amiga mia.
- Buenas tardes - contestó enseñandole el cuento.
- Vaya, y eso qué es?
- Es un cuento que me ha dado la "seño del cole" para que hagamos dibujos.
- Y tu sabes dibujar?
La pequeña se quedó pensando con la mirada puesta en su padre. Este le contestó.
- Claro que sí, hace unos dibujos muy bonitos.
- Si...de monstruos y marcianos, pero son buenos, son monstruos y marciano buenos.
- De verdad? De monstruos y marcianos buenos? Existen los monstruos buenos? A ver dime uno.
El pequeño miró a su padre buscando complicidad.
- El monstruos de las pompas de jabón.
- No me digas que ese monstruo es bueno, a ver, qué hace ese monstruo.
La niña soltó la mano de su padre y le explicó, acompañado con gestos, que se trataba de un monstruos que llevando un pompero a la cintura hacia que los monstruos malos los metiera en una de las pompas de jabón y se los llevara a las nubes, y allí, sobre las nubes les explicaba que había que ser buenos para que la gente te quisiera. La pequeña contó toda su aventura y cuando terminó el dueño de aquel bar se quedó pensando.
- Huy! Entonces voy a tener que ser bueno si no va a venir el monstruo de las pompas de jabón.
Esta sonrió.
- Venga vamonos -. Apresuró el padre, luego con un ademán se despidió de su vecino.
Sortearon la esquina y entraron, un fuerte viento introdujo hojas otoñales dentro del portal, aquel hombre se quedó mirandolas unos segundos, pensando, recordando. Tras unos segundos el ascensor bajó y lo sacó de sus pensamientos.
- Papa, vamos.
Mientras subían, la niña no paró de contarle las historias de cuentos que su señorita le había traido a todos sus compañeros, el seguía absorto en sus recuerdos. Abrió la puerta de casa y el pequeño fue corriendo al salón para ver en la televisión sus dibujos favoritos, como un automata, el padre siguió preparando la mesa, dos cubiertos completos, dos vasos de agua del tiempo y unos fideos calentitos. Retiró el paquete que a muy tempranas horas de la mañana le habían traido y quedó mirandolo, lo agitó y luego lo abrío. Tras desenvolverlo y dentro de una caja de cartón sacó un pequeño estuche de color ebano que decía sobre este, acuarela. Con un ligero apretón de manos lo abrió encontrándose en ellos 13 pastillas de colores y un pincel, a ambos extremos dos recipientes para mezclarlos.
- ¿Quién me habrá enviado esto a mi?
Volvió a buscar el remitente dandole vueltas a la caja o buscar algun tipo de seña de indenditad, pero nada, solo estaba el estuche. Volvió a dejarlo sobre la mesa.
- ¡A comer! - Reclamó.

15:45

Tras terminar de comer, eran ya pasadas las 15:45 horas, la pequeña fue al salón y alli quedó, sobre el sofá, viendo los dibujos de sobremesa. Su padre recogió todos los platos y los limpió, esta vez no utilizó el lavavajillas pues la carga era muy poca y no iba a gastar agua para esa ridiculez, aunque la verdad que llevaba mucho tiempo sin usarla, sólo cuando llegaban sus amigos o cuando sus padres o los abuelos, por parte de madre, venían a visitarlos. El agua estaba algo fría así que decidió girar el grifo para que se templara esta, no tardó mucho en recojer toda la cocina, total, para dos cubiertos y el día anterior había barrido y fregado toda la casa, practicamente para antes de las 16:00 estaba todo bien limpito. Fue entonces al salón y tomando una pequeña manta, la favorita de su hija, se acercó a esta y se la acomodó sobre toda su superficie. La pequeña ya dormidita se movió ligeramente al sentir el ligero peso sobre el, su padre se sentó en el suelo observandole así estuvo hasta quedarse dormido.
El murmullo de los vecinos creció enormente a partir de entonces comenzó a despertarse, se frotó los ojos y viendo que su hija no estaba sobre el sofá la reclamó, este le contestó y luego su padre lo encontró en la pared del salón junto a su habitación, sentado, dibujando sobre el rodapié con el estuche de acurela. Le sonrió y se acercó a el.

- Que haces? -. Comentó aun dormido.
- Papi, estoy dibujando el cuento de la señorita.
- En la pared?
- Si -. Dijo asintiendo.
Su padre bostezó.
- Vaya, vaya, ¿y que es lo que dibujas?
- Estoy dibujando un tren.
- Y veo que tambien has dibujado sus vagones, y la vías....- dijo señandolo -, además de las nubes y ¡vaya, unos arbolitos! ¡mira, pajaritos! ¡ y este es Pompa de Jabón!
- Si papa.
- Vaya, ¿y qué cuento es este? -. Preguntó llevándose la mano a la cabeza.
- No lo se, pero la "seño" nos contó una historia de un tren.
- Y el titulo del cuento, ¿cuál es?
Ella se encogió de hombros.
- Nos dijo, que la vida era un cuento que había que llenar de dibujos y de colores para que fueramos más felices.
El padre sonrió acariciando el cabello de la pequeña.
- Papa, ¿podrías dibujar a mama? -. Pregunto ofreciendole el pincel
Aquella preguntá le rompió el corazón. Dudó unos segundos.
- Claro hija, ¿dónde quieres que la dibuje?

21:22

Recién duchaita, con unos mofletes bien rojizos y unos ojos profundamente grandes, el padre secaba el pelo de su hija con el secador de mano. El ruido del aparato hizo imposible escuchar las historias que la pequeña le contaba sobre monstruos acuaticos y grandes caballitos de mar que vivían más alla de las profundidades del mar que custodiaban un fantástico castillo dentro de una gran burbuja de aire. Dejó que se pusiera su ropa interior y el pijama que sobre el banquito de madera se situaba. Luego esta se dirigió a la cama y alli entre las sabanas de color azul con dibujos del espacio reclamó a su padre que le contara un cuento.
- Papa, ¡cuentame un cuento!
Este recogia el cuarto de baño, tomaba las toallas y las llevó a la cocina, las metió dentro de la lavadora y puso una lavado corto. Observó la cocina, practicamente limpia, cerró las ventanas y apagó la luz. Cerró con llave la puerta de entrada a la casa y marchó junto a la pequeña.
- Papa, ¿me vas a contar hoy un cuento?
Se sentó junto a él, a la altura del pecho para acomodarle las sábanas.
- ¿De qué quiere que te lo cuente?
La pequeña buscó en su imaginación.
- Inventatelo.
- Umm, vale. ¿De algo en particular? De robots? marcianos? animalitos? monstruos?
- De nubes!
El padre la miró extrañado.
- De nubes?, y como puede ser un cuento de nubes?
Ella se encogió de hombros.
- Veamos....Bien, esto es la historia de una niña que no paraba de hacer aviones de papel, ninguno de esos aviones podían volar más de un segundo en el aire, entonces una girafita de peluche, que por casualidad estaba reparando nubes, obsevó como la pequeña, triste en la tierra, intentaba por todos los medios hacer un avion que pudiera volar por el cielo. Tras terminar la jirafita de peluche de arreglar una nube...
- Papa, ¿qué le pasaba a la nube?, ¿estaba rota?
- Claro, pues no paraba de llover agua, y este peluche se encargaba de repararlas cambiandoles las tuberías.
- Ah...
- Entonces, tras arreglarla bajó en una nube voladora y se posó junto a la niña y le explicó la manera de hacer los aviones de papel para que pudieran, no solo volar por el aire sino llegar hasta las nubes e incluso un poquito más allá. Cogiendo partes de aquí y doblando sitios de allá, la niña hizo un avion que era exactamente igual a los que había realizado antes y le preguntó al peluche si de verdad volaría pues era exactamente igual a los anteriores, entonces el peluche le contestó que sí, que ese avión volaría donde quisiera su imaginación. Entonces esta lanzó el avión y cayó al suelo. La niña se puso triste y le preguntó a la jirafita de peluche por qué había caido. Esta le contestó que el avion había caido pero lo importante era que el piloto no había caido, pues había vuelto a tomar el avión y elevarlo una y otra vez.
- ¿El avion estaba roto, papa? ¿Le faltaba gasolina? ¿El peluche era piloto?
- El avión no estaba roto, ni le faltaba gasolina y el peluche no era piloto. Después, el peluche le explicó que para hacer volar un avión bastaba sólo con imaginar pues no hacía falta gasolina, ni ser piloto y menos aún avión. Lo único que necesitaba era tener un soporte para no volver a caer. Segundos despues el peluche le animó a que tomara el avión y sin dejar de soltarlo guiara este avión por un mundo lleno de nubes, donde otros aviones surcaban las estrellas con unos amigos imaginarios que como el se habían dormido escuchando un cuento.
Dándole un beso en la frente apagó la luz, el padre se dirigió al salón y bajando el volumen del televisor, este quedó dormido.
El viento dejó de soplar, y aquellas nubes comenzaron a llover.

7:15

Volvieron a besarle los labios. El se giró hacia un lado, entonces unas manos surcaron su costado y comenzaron a hacerle cosquillas, este sonrío.
- Bueno días. Despiertate que vas a llegar tarde al trabajo.
- Un poquito más -. Suplicó.
- Te he sacado la ropa, asi que duchate o llegarás tarde.
Su marido suspiró, y de un pequeño salto se incorporó desde el sofá donde se encontraba, con las mismas apagó la televisión que la noche anterior había dejado encendida y se dirigió al cuarto de baño. Abrió el agua caliente y esperó a que se templara el agua y susurrando una canción comenzó a escuchar los primero coches que desde muy temprana madrugaba no paraban de hacer ruido por aquella amplia calle. Terminado tomó su albornoz, se secó completamente y vistiendose comenzó a inundar la casa de una agradable fragancia a café. Terminó de ponerse los zapatos y se dirigió a la cocina, alli sobre la mesa tomó su taza de cafe e inspiró su aroma, luego llevandosela a los labios tomó un sorbo.
- Umm, que magnífico café acabas de hacer.
Su mujer aun con el camisón y de espaldas a el preparaba las tostadas para completar el desayuno, luego se giró y dejó sobre la mesa un plato repleto de tostadas con sabrosa mantequilla, su marido tomó una.
- Que rica está esta tostada.
Ella sonrió.
- No tiene ningun misterio, son tostadas con mantequilla.
- No, son tus tostadas con mantequilla, no solo son tostadas con mantequilla.
Mostrandole complicidad le guiño un ojo.
- Donde tienes que ir hoy a trabajar.
- Hoy me toca ser arquitecto.
- Arquitecto, ¿de qué tipo?
- Arquitecto de sueños, tengo que crear sueños.
- Y ayer, cómo te fue con aquella profesión? -. Terminó de tragar el útimo bocado de aquella magnífica tostada.
- ¿La de constructor? Bien, bien, creé un mundo.
- ¿Volvieron a enviarte acuarela?
- Si, además el envío llegó muy temprano. Hoy espero que llegue algo mas tarde.
- ¿Podré continuar con el dibujo de la pared?
- El tren, si claro. Además hoy a avanzado unos metros, va por encima de la cornisa de la puerta, en unos días alcanzará la ventana y luego volará por las nubes.
- Tendré que darme prisa.
- ¿Qué vas a dibujar hoy?
- Quizas dibuje un niño, sabes que tengo muchas ganas de tener uno.
El sonrió.
- Yo tambien, si quieres lo hablamos cuando volvamos.
Ella acercó sus labios a los oidos y en un susurro le contesto:
- Lo mismo cuando llegues te llevas una sorpresa.
- Todas las que quieras.
Ambos se dieron un ligero beso.
El soltó el vaso sin terminar sobre la mesa y tomó otra tostada, agarró su movil y se ajustó la correa a la cintura y abriendo la puerta de la casa se despidió. Frente al ascensor esperó a que llegara, unos minutos mas tarde la puerta se abrio.
- Buenos días vecino -. Saludó.
- Buenos días amigo, ¿a que piso va usted hoy? - Le preguntó la elegante princesa.
- Dejeme pensar, me gustaría ir a una planta donde pudiera imaginar lo que quisiera.
- ¿Horizontal o vertical?
- Hoy quiero crear una arquitectura horizontal. Si, eso es.
- Entonces le llevaré a la terceracuarta planta horizontal del septimo piso.
- Suena bien.
- ¿Con patatas o sin patatas?
- Sin patatas por supuesto.
El ascensor se movió hacia la izquiera 8 segundos, luego un timbre marcaba el fin del trayecto.
- Que tenga un buen día, y recuerde, sin patatas.
- Que bien, tendré suerte entonces.
- Claro que sí.
- Sra. Princesa hoy le queda muy bien el traje.
Con un gesto de elegancia y señorío inclinó la cabeza esta mostrandole su agradecimiento.
- Gracias, se lo debo a la Sra. Acuarela.
El caballero se sorprendió.
- La vió usted?. Qué suerte, se lo dibujó ella?
- Si.
- Por cierto, hoy llegará de nuevo y se quedará en casa, si usted lo desea le podríamos invitar a tomar café.
- No, no por favor.
El frunció el ceño.
- ¿Por qué? Nos agradaría mucho su presencia.
- No sabe usted, buen hombre, que las princesas no toman café.
- Qué cabeza la mia, es verdad -. Se disculpó llevándose la mano a la cabeza.

15:07

La puerta que delimitaba el rellano con su casa se abrió.
- Hola, estoy en casa -. Pronunció con melodia.
- Hola cariño, estoy en el salón. Qué tal el trabajo hoy?
- Bien, bien.
Unos cuantos pasos le llevaron hasta su mujer. Esta sentada sobre el sofá apenas podía moverse.
- De cuanto estas?
- Pues en unos días cumplo. Vamos a tener una niña preciosa verdad?.
- La mas bonita del mundo -. Contestó besandole los labios.
Soltó las llaves y el movil sobre la mesa y le levantó el camisón descubriendo una hermosa barriga.
- Qué bonito ! Has dibujado sobre la barriguita un sueño?
Ella con una sonrisa de lado a lado afirmo.
- Si, te dije que te llevarías una sorpresa. Y aquí la tienes, va a ser una niña.
- Y bien bonita, tan bonita como una flor.
Ella volvió a sonreir.
- Te gusta el sueño que he dibujado? Crees que le falta algo?
- Tendremos que preguntarselo a ella. - Con un gesto le mostró el indice y luego toco la barriguita de su mujer haciendo una ligera presión. - Ding Dong, hay alquien dentro de esa barriguita?
Su mujer le advirtió con la mano.
- Creo que está llegando el momento, desde hace días me está dando unos fuertes dolores.
El con rostro serio acompañó.
- Parece que en unos días tendremos a la pequeña con nosotros.
- Te veo cansado.
- No he parado, dejame que me relaje sobre tu barriguita, le voy a contar un cuento. Qué te parece?
Ella sonrió. Mientras, el futuro padre comenzaba a contar un cuento a la niña con la esperanza de que alguien dentro pudiera escucharla. Al cabo de un rato su marido quedó dormido y ella continuó el cuento sin saber que la ropa tendida comenzaba a empaparse del agua caida del cielo.

11:10

Terminandose de cepillar los dientes llamaron a la puerta, se miró al espejo y con gesto de resignación se enguagó con agua y limpió la comisura de los labios de un poco de pasta que aun quedaba adherida. Volvieron a llamar a la puerta y con paso firme se diriguió a esta, agarró el picaporte y la abrió.
- Buenos días, tengo un paquete para usted.
- Para mi?- Preguntó.
- Si, para usted. Firme aquí si es tan amable.
- Quien lo envía? - Preguntó mientras firmaba
El joven observó el remitente.
- El Instituto de los Recuerdos -Contestó.
- Vaya, por cierto, me marcho con usted. No cierre la puerta del ascesor.
- Deacuerdo pero no hagamos esperar mucho a la Princesa.
- No, no, por favor.
Una vez entraron la Pricesa preguntó:
- Donde le llevo?
- Desearía ir al Instituto de los Recuerdos.
- Eso está dos plantas más a la izquierda, llegaremos en unos segundos.
El mensajero seguía con la vista al frente. La Prinesa sacó una varita mágica y tocó el hombro de este, un rapídisimo destello convirtió al mensajero en un pequeño mono de trapo, este se giró y sonrió a la princesa momento en el cual una campanita daba por concluido el viaje. Las puertas se abrieron y el mono salió corriendo hacia el mostrador de un inmenso hall. Todo blanco y muy limpio, con muchos bancos para sentarse y unos innumerables floreros llenos de vivas flores. Grandes ventanales a la derecha mostraban la calle y dentro, una jovial enfermera le reclamaba agitando la mano. El sin más se dirigió al mostador y aguardó su turno. Mientras observaba al mono que sobre la encimera no dejaba de mirarle observó por el rabillo del ojo como de una manera sorprendente entraba en escena un enorme barco pirata, con enormes velas y colosales mástiles. En la popa un barbudo pirata con parche negro en el ojo capitaneaba el fastuoso velero y en la parte delantera, la proa, una bella efigie le saludo con la mano. Tras esto bajaron uno por uno todos los bucaneros y piratas, el del parche en el ojo se dirigió a el.
- Es el último? -. Preguntó con tronadora voz.
- Si, le doy la vez. Ahora usted es el último.
Aquel pirata muy serio se descubrio el parche y le observó con el otro ojo. Durante unos largísimos tres segundos nadie comentó nada. Luego se giró y observó a todos sus camaradas soltando una gran carcajada que sus iguales copiaron. Sin esperarlo aterrizo unas enormes naves espaciales que soltadon grandes chorros de vapor abrieron las compuertas invitando a sus navegantes a la entrada del hall. Uno por uno los variopintos personajes fueron dirigiendose a la cola, desde unos globos de colores muy simpaticos que no paraban de hablar, hasta los serios grupos de cuadrados que por ser como son fueron los últimos en llegar a la cola. En ese momento hicieron mención los musicos del circo tocando su característica fanfarria. En menos de veinte minutos no se cabía en aquel hall, y como pudo observar el joven la gente hacía ya cola desde más alla de las puertas de entrada al Instituto de los Recuerdos. De nuevo miró a la enfermera.
- Hay mucha gente hoy.
La enfermera fue a contestar cuando un gran silvido dejó paso a la locomotora que tras la joven muchacha estacionaba.
- El tren ha llegado! - Gritó la enfermera -. Todos a bordo del tren!
Con un estruendoso alboroto todos gritaron de alegría, segundos despues con orden y sin agolparse se organizaron en una infinita fila india y cada uno de los atípicos personajes entraron en los vagones, era muy curioso como todos con un orden al parecer ensayado tomaron asiento en sus respectivos asientos, incluso los cuadrados tenían los suyos preparados para la ocasíon. Al parecer y hasta que el sol no se puso, unos lentos girasoles casi pierden el tren, fue dificil acomodar a la Torre Eifel pero al ir acompañada de la pequeña cafetera esta la tranquilizó sediéndole parte de su asiento. El plumero dejó paso a unas bolas de billar que muy contentas preguntaban por un reloj de bolsillo que a buen recaudo guardaba un tiempo olvidado en alguna perdida chaqueta. De nuevo el silbato sonó y las puertas de todos los vagones se cerraron.
Aquel joven perplejo miró a la enfermera, que con una mágica sonrisa ofreciendole estaba, una hermosa caja de acuarela.